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  Decisiones de corto plazo, armas de doble filo 

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Henry Ford dijo a principios del siglo XX que "el negocio hay que llevarlo para obtener beneficio... o morirá. Pero cuando alguien intenta llevar un negocio sólo para obtener beneficio... también morirá, ya que carece de una razón para seguir existiendo". Esta cita del empresario pionero del sector automovilístico y la organización industrial refleja bien el mensaje que transmite el libro "Toma de decisiones y gobierno de organizaciones", del profesor del IESE Miguel Ángel Ariño.

El autor se sumerge en los problemas del directivo a la hora de tomar decisiones y va desgranando los elementos básicos para que una empresa alcance una ventaja competitiva sostenible. Su enfoque se basa en el modelo antropológico que desarrolló hace más de una década el también profesor del IESE Juan Antonio Pérez López.

Según esta visión, "pensar que la finalidad de una empresa es maximizar los beneficios es como pensar que la finalidad del hombre es respirar. Una cosa es que un hombre sin respirar no pueda sobrevivir y otra que respirar sea la finalidad a la que debe orientar todas sus decisiones. Del mismo modo, una cosa es que una empresa sin un mínimo de beneficios no pueda sobrevivir y otra que la finalidad de la empresa sea maximizar los beneficios".

Eficacia, atractividad y unidad
Para Ariño, la finalidad de toda empresa es ofrecer un producto o servicio que cubra una necesidad. Esto implica "preocuparse de tener el mínimo de eficacia necesaria para sobrevivir en el corto plazo, y el máximo posible de unidad y atractividad para garantizar la eficacia futura".

Así, una decisión es eficaz cuando resuelve el problema que tenía el que la tomó y, a la inversa, no es eficaz si no lo soluciona. Pero si se atiende sólo a la eficacia, se puede estar resolviendo un problema inmediato y simultáneamente creando otro mayor a un plazo más distante. También atender sólo a la eficacia puede afectar negativamente a los otros dos parámetros. La capacidad de un directivo residirá, en buena parte, en calibrar las posibles consecuencias de sus decisiones, algunas de las cuales pueden ser armas de doble filo.

La atractividad puede definirse como el grado de satisfacción que alcanzan los miembros de una organización por el hecho de pertenecer a ella. Por unidad se entiende el grado de identificación de los miembros de una organización con los objetivos de la misma. Identificación no basada en lo que se recibe de la organización ni en las posibilidades de aprendizaje que esta organización ofrece, sino basada en que los objetivos de esa organización son algo digno de ser alcanzado.

Ariño compara la empresa con un árbol, en el que la eficacia serían el tronco, ramas y hojas, mientras las raíces son la atractividad y la unidad. La eficacia es la parte tangible y visible de la organización, en tanto que la atractividad y la unidad son valores intangibles.

Capacidad estratégica, ejecutiva y de liderazgo
Para llevar adelante una organización los directivos deben reunir a la vez capacidad estratégica (aporta eficacia), ejecutiva (genera atractividad) y de liderazgo (es la base para la unidad).

Si no va acompañado de capacidad de liderazgo, un buen plan estratégico puede deteriorar la unidad porque los empleados dejarán de identificarse con los objetivos de la empresa. Sería el caso de un directivo incapaz de ver que sus subordinados no se mueven sólo por dinero u otros beneficios extrínsecos, sino que puede haber otras razones como su formación profesional o la posibilidad de realizar un servicio desinteresado a terceros.

El liderazgo no puede desligarse del reconocimiento de autoridad por parte de los demás. Debe ganarse a pulso y no es labor de un día. Es lento y laborioso conseguirlo y fácil y rápido perderlo, ya que no se trata de tener autoridad en base a la coacción sino al prestigio. Para lograrlo el directivo debe, en primer lugar, ser ejemplar, no generar obstáculos a la iniciativa de sus subordinados y, a la vez, hacerles ver las consecuencias de sus decisiones. A sensu contrario, se pierde autoridad cuando se hace un uso injusto del poder, se falta a la educación o respeto a los demás, no se reconocen méritos ajenos ni errores propios o se coloca medallas que corresponden a otros. "Lo vulgar es apuntarse los éxitos y responsabilizar a todos de los fracasos", dirá Ariño.

Artículo basado en:  Toma de decisiones y gobierno de organizaciones
Editorial:  Ediciones Deusto
Año:  2005
Idioma:  Español