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  Hacia el horario europeo, más productivo y conciliador 

ICWF - Centro Internacional Trabajo y Familia
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El horario es la distribución del tiempo, un recurso siempre escaso, inelástico e imposible de reemplazar. Al tratarse de una medida, un artificio creado por el hombre, debería adaptarse a las necesidades de la sociedad de cada momento. De forma paradójica, sin embargo, los horarios no se han ajustado al cambio radical experimentado por la sociedad en los últimos 50 años.

Otras paradojas del mundo moderno: las jornadas laborales se han reducido respecto a décadas anteriores; la edad de jubilación se anticipa; la esperanza de vida sube más y más; se dedican más años a educación antes de incorporarse a la vida laboral... Sin embargo, los ciudadanos del mundo desarrollado del siglo XXI viven con la sensación de falta de tiempo, especialmente en las grandes ciudades, hasta el punto que la vida cotidiana llega a convertirse a menudo en una carrera de obstáculos. Una parte sustancial de esta tensión, del estrés, deriva del no poder llegar a todo.

La Fundación Independiente y el Centro Internacional de Trabajo y Familia han elaborado conjuntamente y con el patrocinio del Ministerio de Administraciones Públicas (INAP), un libro blanco que pone sobre la mesa la diferencia de horarios con el resto de Europa y hace un diagnóstico de la disfunción que los horarios españoles suman a los problemas de la sociedad española actual y formular propuestas orientadas a paliar los efectos negativos.

Contrariamente a lo que ocurre hoy, los horarios españoles de principios del siglo XX eran muy similares a los europeos. La costumbre de almorzar muy tarde fue consolidándose progresivamente en España a lo largo de algunas décadas y hoy, cuando nuestros vecinos del norte están a media digestión es el momento en que los españoles marchan a almorzar, tarea a la que, además, dedican un par de horas. Por ello, aproximadamente entre las 12:00 y las 16:00 horas es muy difícil coordinar horarios entre empleados y directivos de países europeos y los españoles. Todo ello repercute negativamente en las relaciones comerciales ya que esa franja se convierte en tiempo muerto.

También en España se cena mucho más tarde, los programas de televisión nocturna son posteriores y, en general, se duerme menos, ya que los horarios de inicio del trabajo son similares. Las repercusiones de estos hábitos son muchas, entre otras, una mayor propensión a los accidentes laborales.

El estudio apunta la necesidad de un cambio cultural en las empresas, de manera que centren sus estrategias en la fijación de objetivos y en los resultados obtenidos, reemplazando la cultura imperante del control presencial y adicción al trabajo de los empleados.

Directivos y ejecutivos, deben dar ejemplo finalizando su trabajo a la hora y marchando a sus casas, lo que facilitará que sus subordinados hagan lo propio. Un estudio anterior realizado por el Centro Internacional de Trabajo y Familia del IESE en empresas de la Comunidad de Madrid demostró que los trabajadores no hacen uso de las políticas de flexibilidad de horarios laborales que permiten la conciliación, no tanto por la inexistencia de tales políticas (muy limitadas), sino porque choca con la cultura dominante de la empresa y entre los propios ejecutivos está "mal visto".

Poca regulación y mucha flexibilidad
La racionalización de los horarios laborales implica cambios en la vida cotidiana, por lo que no puede ni debe hacerse a golpe de decreto de las instituciones públicas. "Más bien todo lo contrario: legislar lo justo para ofrecer un marco de actuación que permita establecer de forma flexible y adaptada diferentes políticas y acciones particulares", afirman el informe.

En opinión de los expertos, la regulación de los horarios comerciales de los gobiernos de la democracia ha sido particularmente errática. Por ello, recomiendan mejorarla "a través de paquetes de medidas dirigidas a flexibilizar los horarios de apertura, respetando las características de cada negocio y dejando en manos de sus responsables la decisión de abrir o cerrar en determinadas franjas horarias".

Los autores creen que el horario laboral medio no debería ampliarse y pero que toda empresa debería establecer una hora de salida clara, lo que en algunos lugares se denomina política de "luces apagadas". Los directivos han de transmitir al empleado la idea de que debe ser capaz de realizar su trabajo en 8 o 9 horas, y si necesita más tiempo no es que sea mejor trabajador, sino que es más torpe, o pierde el tiempo o "el puesto le queda grande".

Un horario laboral flexible, trabajo a tiempo parcial, semana laboral comprimida, jornada reducida, jornada continua o teletrabajo son algunas de las medidas que pueden ser útiles para compatibilizar familia, trabajo y vida personal. En cualquier caso, el informe concluye que tener un buen horario aporta más satisfacción a muchos trabajadores que tener un buen empleo.

Artículo basado en:  España, en hora europea
Año:  2005
Idioma:  Español