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  Cómo organizar el proceso de innovación 

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Las fronteras de la innovación están cambiando. Empresas que solían organizar internamente la Innovación y Desarrollo (I+D) confían cada vez más en socios corporativos o fuentes externas. Es decir, están abriendo sus puertas en busca de nuevas ideas y conocimientos que complementen los propios. Hay mucho que ganar: los acuerdos con otras empresas y universidades, así como las inversiones en pequeñas sociedades de nuevo cuño, pueden dar pingües beneficios.

Cuando dos socios de I+D forman equipo, normalmente se trata de un proyecto concreto. En el artículo "Organizing for Innovation: R&D Projects, Activities and Partners" ("Organizar para innovar: proyectos, actividades y socios de I+D"), los profesores Bruno Cassiman (IESE), Chiara DiGuardo (Universidad de Cagliari) y Giovanni Valentini (Universidad Bocconi) se proponen conocer qué aspectos de un proyecto de I+D influyen en su organización y cómo lo hacen. Los autores lo logran gracias al estudio de todos los proyectos de I+D de un centro de investigación de STMicroelectronics (ST), el cuarto mayor fabricante de componentes microelectrónicos del mundo.

Con sede en Ginebra, ST es una empresa global con más de 45.000 empleados y 16 unidades avanzadas de I+D que operan en 31 países. Su diversidad la convierte en el escenario ideal para estudiar la innovación. Por otro lado, el de los semiconductores de alta tecnología es un sector dinámico y competitivo, y la I+D desempeña un papel fundamental a la hora de decidir qué empresas ocuparán las primeras posiciones. ST ha tenido éxito gracias a su proceso de innovación "abierto". La empresa forja alianzas de desarrollo estratégico y tecnológico con clientes y competidores clave. También se asocia con organizaciones, universidades e institutos de investigación de I+D multinacionales.

El ejemplo de ST demuestra las difíciles y trascendentales decisiones que afrontan los directivos en el actual entorno competitivo global. En general, las empresas deben decidir si desarrollan una tecnología internamente, contratándola externamente o a través de la colaboración con un socio, ya sea otra empresa, una universidad o un instituto de investigación. Cassiman, DiGuardo y Valentini examinan siete líneas de innovación de ST, desde las plataformas tecnológica y de diseño hasta las nanotecnologías y la bioelectrónica.

Sus hallazgos desvelan lo que lleva a una empresa a seleccionar un socio para su proceso de innovación. "La asociación o contratación de universidades dentro del proceso de innovación es una práctica común para el desarrollo de conocimientos nuevos -y originales, en contraste con los conocimientos existentes, que se aplican para resolver un problema concreto. Pero las empresas son más reacias a asociarse, en especial con otras empresas, cuando ese conocimiento aumenta directamente su competitividad", señalan los autores.

En otras palabras, si un proyecto es estratégicamente importante para una empresa, lo más seguro es que ésta actúe por su cuenta. Si el proyecto es más experimental, es más probable que la empresa considere asociarse con una organización externa.

La óptima organización de un proyecto de I+D depende en gran parte del conocimiento que rodea el proyecto en sí. La forma organizativa específica debería ir a la par con las características del proyecto y las capacidades de la cartera de la empresa y la de sus socios potenciales. "Hemos hallado pruebas sólidas que indican que cuanto más básico sea un proyecto (por ejemplo, cuando desarrolle nuevos conocimientos en lugar de aplicar conocimientos existentes), más probable será que se busquen capacidades externas", apuntan los autores. Aunque el comportamiento oportunista y la incertidumbre son siempre una amenaza, los proyectos "básicos" se llevan a cabo normalmente con colaboraciones más que con contratos para poder capitalizar las importantes oportunidades de aprendizaje.

En cuanto a las universidades, es más probable que colaboren en las primeras fases de un proyecto y en actividades dirigidas a desarrollar nuevos conocimientos. Por el contrario, las empresas asociadas suelen participar en las fases posteriores de un proyecto, en el momento en que debe aplicarse el conocimiento.

Este revelador artículo muestra que, en un entorno empresarial dinámico, adquirir conocimiento podría ser más importante que protegerlo. Cada empresa tiene recursos diferentes, y si dos empresas desarrollan conocimiento juntas, los socios pueden aportar recursos productivos y complementarios, así como valiosas oportunidades para aprender.

Artículo basado en:  Organizing for innovation: R&D projects, activities and partners
Editorial:  IESE
Año:  2005
Idioma:  Inglés

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