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  Competitividad = Productividad 

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España ha conseguido el puesto número 23 en el Growth Competitiveness Index 2002-2003, pero todavía está por detrás de algunos de sus principales competidores europeos. Seis naciones europeas se encuentran entre las 10 primeras, y otros países como Taiwán, Singapur y Estonia también aventajan a España. Este resultado se basa en una extensa encuesta llevada a cabo por el World Economic Forum en 102 países.

IESE es el socio español del World Economic Forum para la elaboración del informe, un esfuerzo dirigido por el Profesor Ballarín, titular de la Cátedra Nissan de Estrategia Corporativa y Competitividad Internacional y realizado con el apoyo del Centro Anselmo Rubiralta de Globalización y Estrategia.

En opinión de Ballarín, aunque este tipo de informes son atacados a veces por quienes consideran que la competitividad es un concepto evanescente y difícil de concretar en un indicador único y mesurable, el informe es muy claro al respecto. En él, el concepto de competitividad se asimila a la noción mucho más concreta y fiable de productividad. Con dos salvedades importantes: el informe trata de capturar no sólo la productividad del trabajo, sino también del capital, los recursos naturales y otros factores productivos. Y segundo, trata de estimar la productividad futura a través de indicadores que facilitan la mejora continua del entorno de las empresas, en cuyo seno se ha de producir necesariamente el incremento de la productividad.

El énfasis en el futuro es importante porque la productividad de los años anteriores es agua pasada. Quienes se preocupan por el bajo crecimiento de la productividad que ha experimentado la economía española apuntan en una buena dirección, pero se olvidan de añadir que la contrapartida del crecimiento que hemos experimentado en los últimos años ha tenido el efecto muy positivo de reducir significativamente la tasa de paro en nuestro país.

Es cierto que si en algún momento llegamos al "pleno empleo", la variable crítica para un crecimiento sostenido será la productividad laboral y de los otros factores. Por eso es especialmente importante el análisis de este indicador. En este sentido, el informe del WEF resulta muy revelador.

El informe desarrolla dos indicadores distintos. Uno que podríamos llamar "macro", y que se basa en el diagnóstico del entorno macroeconómico, institucional y tecnológico. En este indicador, España ocupa un respetable número 23 por delante de países como Francia e Italia.

Pero el segundo indicador -que podríamos denominar "micro"- y que apunta más a las causas subyacentes de la productividad futura, nos ofrece un panorama distinto. Ahí España desciende al número 25 y su posición relativa respecto a otros países es muy otra. Ya no aparecemos como más competitivos que Francia e Italia y algunos datos sorprendentes como, por ejemplo, que Malta tuviese la posición 19 en el primer indicador se corrigen de forma drástica: Malta aparece como el país número 42 en el segundo índice.

Ballarín considera que estos datos suponen un toque de atención para España. De hecho, el informe contiene un sofisticado análisis estadístico entre la renta per cápita de cada país y su posición en el segundo indicador "micro". En este sentido, España resulta ser un país overachiever, es decir uno de los países en los que los resultados económicos están por encima de los que deberían tener según el indicador prospectivo de competitividad.

Para aclarar este punto, el autor propone observar el caso especial de otro overachiever: Noruega, que es un país con una renta per cápita muy alta, pero con un indicador comparativamente más bajo de competitividad. Ello es debido a los abundantes recursos petrolíferos con que la naturaleza ha dotado al país escandinavo. Pero sus empresas carecen del dinamismo y capacidad de las de países como Finlandia o Japón, en los que la escasez de recursos naturales les ha llevado a "espabilarse" y buscar en la innovación continuada una forma de conseguir un nivel de vida cada vez mayor.

Otro hecho relevante es que -contra la idea que han difundido algunos medios de comunicación- España no ha descendido en el ranking del indicador "macro". Para Ballarín, el descenso de su posición relativa, que pasa del puesto 21 en el año 2002 al 23 en el 2003, se debe exclusivamente a la inclusión en el informe por primera vez de Malta y Luxemburgo. Por lo tanto, desde el punto de vista de ese indicador, España no ha perdido competitividad. Al contrario, en el segundo indicador "micro" España no sólo ha obtenido un lugar más bajo (25), sino que presenta una tendencia descendente en comparación con años anteriores.

Ballarín opina que, a medio y largo plazo, la única forma de elevar el nivel de vida de los ciudadanos de un país es a través de la competitividad, entendida como productividad de un conjunto de factores. "Los países no compiten entre sí", afirma parafraseando al reputado economista Paul Krugman. El crecimiento mundial no es un juego de suma cero. Y la forma más segura de que la tarta se expanda para todos es que las empresas de cada país se afanen en producir bienes y servicios de la forma más eficiente y con el mayor valor posible.

Como responsable del informe en España, Ballarín apunta que el esfuerzo de las administraciones públicas españolas debe enfocarse no tanto en el plano "macro" -donde España lo está haciendo bien- como en los aspectos "micro" que faciliten la innovación y el dinamismo de las empresas.

Puede descargar un fragmento del Global Competitive Report 2003-2004, o bien solicitar el documento completo aquí.

Artículo basado en:  Global Competitiveness Report 2003-2004
Editorial:  World Economic Forum
Año:  2003
Idioma:  Inglés