Cuando Boeing decidió trasladar su sede central de Seattle a otra ciudad, Chicago, Denver y Dallas compitieron ferozmente por ser la elegida. Al final, ganó Chicago al compensar sus altos salarios e impuestos y su gran población con incentivos que sumaron más de 50 millones de dólares.
El patrón de reubicación de las sedes -el centro de la administración y el marketing de una empresa- refleja la evolución de la organización interna de las compañías. La decisión también tiene importantes consecuencias económicas. En el documento de investigación "Why and Where Do Headquarters Move?" ("¿Adónde y por qué trasladan las empresas sus sedes?"), Xavier Vives del IESE y el ICREA-UPF y Vanessa Strauss-Kahn del INSEAD analizan las decisiones relacionadas con la ubicación de las sedes empresariales en Estados Unidos. A partir de una base de datos que siguió los movimientos de 30.000 empresas estadounidenses entre 1996 y 2001, el documento examina dónde y por qué reubicaron sus sedes durante ese periodo.
La decisión de dónde instalar la sede central está relacionada con la evolución de la empresa moderna. Ahora las compañías pueden permitirse separar las actividades de dirección de las de producción y concentrar tanto unas como otras en donde son más eficaces.
En Estados Unidos, señalan los autores, las sedes se concentran cada vez más en áreas metropolitanas de tamaño medio y orientadas a los servicios. La tasa de reubicación es considerable, un 5% anual. Las sedes más grandes (en cuanto a ventas) y más jóvenes suelen reubicarse más a menudo. Del mismo modo, las empresas que disponen de varias sedes, como General Motors -su base está en Detroit pero cuenta con varias sedes subsidiarias por todo Estados Unidos-, son más propensas a trasladarlas. Lo mismo ocurre con las empresas extranjeras y las que nacen como resultado de una fusión.
Los autores también han comprobado que cuantas más sedes y más diversificadas tenga un área metropolitana, mayor es su renta per cápita. Cuando una ciudad atrae sedes corporativas, también atrae servicios empresariales, una bolsa de trabajadores altamente cualificados y sedes de otras compañías. De ahí que cuando se produce el traslado de una sede, los ayuntamientos y los gobiernos regionales se muestren preocupados por las consecuencias negativas que ello puede acarrear a la ciudad en términos de pérdida de empleo y masa de mercado. Fue lo que sucedió cuando Bank of America trasladó su sede de San Francisco debido a una fusión y cuando Boeing decidió abandonar Seattle. Para impedir los traslados, los gobiernos locales intentan influir en las empresas ofreciendo la infraestructura, los subsidios y los incentivos fiscales que sean necesarios. Hay mucho en juego: la instalación y el traslado de las sedes conforma la estructura de las áreas metropolitanas.
A la hora de decidir dónde ubicar su sede, la empresa tiene en cuenta una serie de variables. Entre ellas, la especialización del sector, los impuestos corporativos, la congestión, el coste de la transmisión de los servicios de las sedes y factores específicos de cada empresa, como la actividad de fusiones y el tamaño y la edad de la sede.
La investigación muestra que las sedes suelen reubicarse en áreas metropolitanas que disponen de buenas instalaciones aeroportuarias. Las empresas buscan impuestos y salarios bajos, un alto nivel de servicios empresariales, la misma especialización sectorial y la concentración de empresas del mismo sector de actividad.
Asimismo, las sedes se concentran en unas cuantas áreas metropolitanas. Nueva York despunta como el centro más importante. Acoge el 15% del total de sedes, lo que representa el 21% de la facturación total. Estos datos reflejan la presencia en Nueva York de grandes empresas, como General Electric, Phillip Morris, AT&T, Texaco y PepsiCo. Con todo, Nueva York muestra síntomas de estar perdiendo su posición dominante.
Strauss y Vives también subrayan que el 65% de las empresas tienen su sede en las 20 ciudades más grandes de Estados Unidos: General Motors en Detroit, Exxon en Dallas, Mobile en Washington, Hewlett-Packard en San Francisco, Sears Roebuck en Chicago y Cargill en Minneapolis.
En cuanto a los sectores, la industria tradicional está más presente en Detroit, Cleveland y Pittsburgh que, por ejemplo, en Washington. Las empresas extranjeras suelen ubicar su sede en áreas metropolitanas próximas a las fronteras internacionales, como Honolulú, Buffalo, San Diego y Anchorage. Por último, hay más empresas líderes en Kansas City o San Diego que en centros industriales tradicionales, como Cleveland, St. Louis o Milwaukee. De hecho, los datos revelan que los cinturones orientados a los servicios están ganando posiciones en detrimento de los cinturones industriales.
Los autores también destacan que la historia de las empresas es importante. Las empresas con sedes más antiguas son menos propensas a trasladarlas. También las que tienen sus oficinas centrales en lugares con buenas instalaciones aeroportuarias, bajos impuestos y una concentración de sedes del mismo sector de actividad.
De los resultados del estudio de Strauss y Vives se infiere que un área metropolitana que quiera mantener sus sedes y atraer otras debe mejorar sus instalaciones aeroportuarias, bajar los impuestos y promover la instalación de servicios y de otras sedes empresariales en su territorio. "No debe desdeñarse el impacto que supone tener un buen aeropuerto", apuntan los autores. Para atraer servicios empresariales y sedes, estas áreas metropolitanas también deberían estudiar seriamente la concesión de subsidios e incentivos.