Hasta el momento, muchos estudios apuntaban que una mayor competencia reducía el esfuerzo que se hace en innovación, porque las empresas destinaban sus recursos a otras áreas cuyos resultados pueden verse a más corto plazo. En el documento "Innovation and Competitive Pressure", el profesor del IESE Xavier Vives ofrece resultados generales y robustos demuestra con datos fehacientes justo lo contrario: en la mayoría de casos, la presión competitiva es un estímulo a la innovación.
El estudio de Vives se basa en los dos grandes modelos de la teoría sobre oligopolios: Bertrand, escenario en que las empresas compiten en precio con productos diferenciados, y Cournot, situación en que las empresas compiten en cantidades de un mismo bien homogéneo. Vives establece una serie de reglas: 1) la competencia sigue un modelo simétrico; 2) invertir en innovación siempre aporta resultados, lo opuesto a una hipotética guerra de patentes en la que sólo el ganador obtiene premio; y 3) la inversión en I+D no supone un compromiso estratégico.
Los dos casos de Bertrand y Cournot son empíricamente relevantes, aunque Vives considera especialmente interesante la competencia de Bertrand con productos diferenciados y entrada libre al mercado. En esta situación, una empresa tendría la posibilidad de entrar a competir en un nuevo mercado: sólo tendría que producir una nueva variedad, pagar un coste fijo de entrada, y a partir de ahí decidir cuánto gasta en innovación para reducir los costes variables (de producción). El profesor complementa su estudio comprobando la robustez de sus resultados en escenarios distintos a los que establece para su análisis principal.
La investigación somete los modelos de Cournot y Bertrand a dos escenarios básicos: entrada libre (las empresas pueden entrar pagando un coste fijo) y entrada restringida. En el primer caso, los indicadores de presión competitiva son: el grado en que los productos se sustituyen unos a otros, el tamaño del mercado o bien lo fácil (barato) que pueda ser entrar en él. Con entrada restringida, la competencia se mide de nuevo por el grado en que los productos se sustituyen unos a otros, o bien el número de competidores.
En mercados con entrada restringida, el aumento de competidores tiende a traducirse en un menor esfuerzo en I+D. En el modelo de Bertrand el resultado es consistente en casi todos los tipos de modelo de mercado puestos a prueba por el autor. Mientras, en Cournot la tendencia se mantiene en el caso más paradigmático en que los bienes son sustitutos estratégicos. Con todo, Vives señala que puede darse el caso de que una mayor competencia se traduzca en una mayor intensidad relativa del esfuerzo en innovación. Es decir, podría aumentar el ratio del gasto en I+D sobre ventas, sin que el gasto total del mercado fuese mayor en términos absolutos.
Si en lugar de considerar un mayor número de empresas, se estudia qué ocurre si los productos son más sustituibles, se observa que el esfuerzo en I+D aumenta siempre y cuando el mercado en el que se comercializan los productos no se reduzca. El resultado es consistente con el grueso de especificaciones del modelo que el profesor pone a prueba.
En mercados de entrada libre el incremento del tamaño del mercado se traduce en mayores producciones y esfuerzos en innovación dentro de cada empresa. Ahora bien, no es posible determinar cómo queda afectado el número de empresas: puede aumentar o disminuir. Vives explica que un mayor mercado puede traducirse en un menor número de empresas dispuestas a operar en él del siguiente modo: un mercado más grande puede inducir un aumento de los gastos en I+D suficientemente importante como para frenar muchas compañías que podrían estar interesadas en entrar a competir. Este resultado se da tanto en el modelo Bertrand como en el Cournot.
Por otro lado, Vives observa que si el coste fijo que pagan las empresas por entrar a competir es menor, se observa, de manera lógica, un mayor número de competidores. Esto se traduce en valores menores de producción y esfuerzo en innovación por empresa. Eso sí, el esfuerzo total del mercado en I+D (el que suman todas las compañías) será habitualmente mayor.
Finalmente, incrementar el grado en que los productos son sustituibles aumenta el esfuerzo y producción individual de cada empresa, siempre y cuando el tamaño del mercado no sea menor. El número de compañías puede disminuir (y lo hará si el mercado se contrae), ya que la mayor presión competitiva deja menos espacio para nuevas incorporaciones.
Si bien es cierto que bajo determinados supuestos la respuesta puede no ser la misma, Vives concluye que la presión competitiva sí estimula la innovación. Su investigación ofrece resultados que demuestran que la relación entre indicadores de presión competitiva e innovación no depende del tipo de especificación matemática que se emplee y que se reproduce tanto en los modelos de Bertrand como de Cournot. De esta manera, Vives reconcilia teoría y práctica a la vez que repasa los factores que rigen el fenómeno de la innovación: tamaño del mercado, grado en que los productos se sustituyen unos a otros y costes fijos de entrada... sin olvidar, lógicamente, el factor tecnológico.