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  Tiempo de calidad para una vida más feliz y eficaz 

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"No tengo tiempo" es una de las frases con las que se identificaría la inmensa mayoría de ciudadanos del Primer Mundo. Steven Poelmans, profesor del IESE, nos dirá en su libro "Tiempo de calidad. Calidad de vida" que "el tiempo es un extraño animal salvaje, que a veces es tímido y lento, pero luego se destapa y muestra ferocidad y rapidez. [Por ello], el objetivo de este libro es mostrar al lector métodos para amansar a la fiera".

Poelmans sintetiza en esta frase que aparece en el primer capítulo del libro lo que podría ser un reto para dominar el tiempo, no en su devenir cronológico, cuantitativo, que es imposible, sino llenándolo de calidad. Para dejar claro de entrada que él no aporta fórmulas mágicas, que no existen, califica de "basura" títulos o slogans llamativos como "siete pasos hacia la felicidad" o "alcance el éxito en siete días". No da soluciones pero trata de aportar estrategias y trucos para que cada uno determine cómo incorporar "espacios de calidad" en un tiempo que es limitado.

El problema empieza desde su propia base. Tiempo de calidad es un concepto relativo. Nadie puede determinar en nombre de otro qué es la calidad en este asunto. El autor entiende como tiempo de calidad aquél que "tiene que ver con optimizar el tiempo que invertimos en cuanto a eficacia y, lo que es más importante, en cuanto a alcanzar la felicidad, tanto para nosotros como para nuestros seres queridos, dentro de los límites de nuestros propósitos, objetivos y prioridades". No existe en esto una norma de calidad con certificación ISO. "Calidad significa que sirve a sus propósitos, objetivos y prioridades en su búsqueda de su felicidad. Solamente usted puede definir estos objetivos y prioridades", sentencia Poelmans en el segundo capítulo encarándose con su lector. Y enfatiza: la clave está en el verbo "optimizar" y en darse cuenta de que "para garantizar un tiempo de calidad es necesaria una mínima cantidad de tiempo dedicado a ello". Con un elemento intrínseco que no se debe olvidar: el ser humano es social, por lo que la creación de tiempo de calidad no puede reducirse a uno mismo sino que hay que crearlo con y para las personas que rodean a cada uno.

Como consecuencia, el tiempo de calidad ni se limita al carpe diem, el disfrutar del momento presente, porque sería insuficiente excepto que se renovara cada día; ni debe entenderse como una conversión en superhombre o supermujer capaz de resolver una multiplicidad de asuntos a la vez. Tampoco se puede hablar de tiempo de calidad llevando al propio cuerpo al agotamiento y a situaciones de estrés.

Entre las primeras pistas que propone Poelmans para encontrar tiempo de calidad está pasar ratos largos con niños pequeños y aprender de ellos. Algunas personas tienen una especial capacidad para conectar con la gente menuda en cualquier momento, pero para la mayoría adaptarse a sus ritmos y sincronizar requiere esfuerzo, talento y persistencia. Es una muestra de que el tiempo de calidad necesita aprendizaje.

Un estilo de vida
El autor considera que "crear tiempo de calidad no es arte de magia ni una pura obsesión hedonista por el placer. Es una actitud, un estilo de vida, una forma de ser y de llegar a ser. Es una ambición. El principio subyacente se fundamenta en la antigua máxima: Si haces algo, hazlo bien. Solamente tenemos una vida, solamente una oportunidad de vivir. Por eso, es mejor que vivamos nuestra vida al máximo, que la llenemos. Este es el motivo por el que una premisa fundamental para el tiempo de calidad es tomar conciencia de nuestro propósito en la vida y vivirlo".

Intentar alcanzar ese propósito, incluso en la adversidad, porque a través de ésta y en la forma con que se enfrenta a ella, una persona define su vida y así se la recordará. "Si somos capaces, de cualquier forma heroica o humilde, de superar la adversidad, estaremos construyendo nuestro propósito, porque, con cada elección que hacemos, se hace un poco más claro quienes somos", dice el autor, que en otro lugar señalará que "no hacer nada por temor al fracaso es lo peor que podemos hacer".

Conseguir tiempo de calidad no puede provenir del ensueño, pero merece la pena aprovechar la fantasía. Los soñadores que pasan toda la vida fantaseando acerca de lo que quisieron ser generalmente no triunfan, pero tampoco lo hacen los pesimistas. Aún hay un grupo más trágico, aquellos que una vez que han matado su propia capacidad de soñar comienzan a criticar a los que todavía tienen ambiciones en la vida.

Para no caer en estos errores, Poelmans propone el siguiente orden para los objetivos:

- Primero, fantasee.
- Después, céntrese en las limitaciones.
- Finalmente, determine lo que hay que hacer para vencer estas limitaciones.

Una vez delimitados los objetivos para lograr un tiempo de calidad, la acción pasará por crear estructuras adecuadas, que en parte pueden resumirse en identificar, y por supuesto eludir, al "ladrón del tiempo". En otras palabras, saber renunciar a hacer cosas personalmente cuando se pueden delegar, ser capaces de dejar una reunión o encuentro sin estar hasta el final, huir de la adicción a muchas cosas, recortar lo innecesario en contactos telefónicos, navegación por Internet, viajes de trabajo, y otros.

Seguirá el objetivo de crear tiempo de calidad para uno mismo, basado en una adecuada combinación de reflexión y relajación. La máxima: no luchar contra los puntos débiles de cada uno, sino trabajar a la vez con los puntos fuertes y débiles. Y, sin solución de continuidad, crear tiempo de calidad "para" y "con" los demás, ya que al centrarnos en las personas que son más importantes para nosotros y para quienes somos más importantes nos ayudamos a nosotros mismos y ayudamos a los demás.

Esta orientación al prójimo es la clave del tiempo de calidad. Según Poelmans, muchas personas tienen la sensación de que no son importantes porque nuestro tiempo con ellas no es de calidad: hablamos con ellas y estamos pensando en otra cosa o ni siquiera las miramos. Esto afecta a la intensidad y la motivación de las relaciones, lo que empeora la calidad de nuestra vida. Para evitarlo, el autor propone una serie de estrategias para saber desconectar, comunicar y relacionarse con otras personas, ayudándolas pero sin dar falsa imagen ni adquirir compromisos que no pueden cumplir, predicar con el ejemplo y hasta aceptar la muerte. Sin que se olvide un examen personal cada día.

Finalmente, el autor concluye que los ciudadanos que hacen realidad el "hic et nunc" (aquí y ahora), los que se centran en lo que deben hacer y están realizando, pero que son capaces de interrumpirlo cuando corresponde dedicarse a otra cosa, se encuentran entre los más capacitados para conseguir el tiempo de calidad.

Artículo basado en:  Tiempo de calidad. Calidad de vida
Editorial:  McGraw-Hill
Año:  2005
Idioma:  Español